Creer o dudar es una cuestión del corazón, no de la cabeza. La fe surge, como la verdad, dentro de ti; nunca entra desde afuera.
Cada alma debe ser libre de decidir su destino, porque si no es prudente, puede ser que el sufrimiento resultante sea vital para el desarrollo de esa alma.
Dios es justo. No conoce favoritos. Él tolera todo y entiende dónde y qué somos.
Cuando el mal entra es cuando un alma, conociendo el bien, deliberadamente elige el mal, entonces lo que sigue es el verdadero castigo.
Dios nunca es injusto. Nadie escapa a Su justicia y Él no tiene víctimas, recuérdalo. Se siembra en cada vida y rara vez se cosecha hasta otra. A menudo se recoge una cosecha que muchas vidas antes habían plantado.



