No hay ningún Dios aquí (en el mundo de los espíritus) salvo el Único Dios Verdadero y Cristo, quien es Su Manifestación.
Un idólatra en espíritu preguntó si podía ver a Cristo. Poco después, Cristo se manifestó en penumbra a él y a otros recién llegados al mundo de los espíritus, porque a estas alturas no habrían podido soportar una exhibición completa de su gloria, pues su gloria es tan sobrecogedora que hasta los ángeles lo miran con dificultad y se cubren el rostro con las alas (Isaías vi.2). Cuando se revela a alguien, toma en cuenta la etapa particular de progreso que esa alma ha alcanzado, por lo que aparece vagamente, o en la luz más plena de su gloria, para que se pueda soportar su visión. Bañado por los rayos de su luz vivificante y con las olas de su amor, que constantemente brotan de él, fluyendo sobre todo, todo error es lavado.



