Los Antiguos Padres del Desierto, cuando estaban desconsolados y sin esperanza, repetían una palabra, una y otra vez, como una especie de mantra tranquilizador.
Y la palabra no era “Jesús” o “Dios” o “Amor”.
La palabra era «Hoy». Los mantuvo donde necesitaban estar.
Gregorio Boyle, Tatuajes en el corazón



