Las cosas más pequeñas tienden a ofenderme. La semana pasada, alguien a quien respeto respondió a mi sincero mensaje de texto con una sola palabra: seguro. Ay. Mi imaginación lo tomó de ahí.
Pero mi imaginación es una terrible lectora de mentes…
¿Cortarme el paso en el tráfico?
Eres desconsiderado.
¿Me interrumpiste a mitad de la frase?
No me respetas.
¿No estás de acuerdo con mi política?
Debes ser un imbécil moralista.
Afortunadamente, he aprendido a no confiar en mi propia indignación.
La verdad es que no me ofendió tú.
me sentí ofendido por la historia que inventé acerca de ti.
No tienes el poder de provocarme.
a menos que te entregue las llaves de mi corazón.
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