A veces la felicidad puede parecer exagerada, para nosotros e incluso para nuestros hijos. El estrés de la vida diaria, salir por la mañana, administrar el hogar, coordinar horarios, así como los problemas más importantes, incluida la preocupación por las luchas en el mundo, pueden pasarnos factura como adultos. Dados los crecientes problemas con la salud mental de los niños, sabemos que también está pasando factura a nuestros hijos.
Y, sin embargo, en medio de las dificultades, la felicidad sigue siendo alcanzable y esencial para el bienestar y la resiliencia. Las investigaciones sobre el bienestar de los adultos muestran que existen medidas específicas que podemos tomar para desarrollar y fomentar la felicidad.
Como escribe James Baraz, la alegría es “un sentimiento general de vitalidad y bienestar que se caracteriza por afrontar los altibajos de la vida con autenticidad y perspectiva”.
Basándonos en nuestro trabajo con niños, sabemos que esto también se aplica a ellos. Puede ser tan simple como disfrutar de un abrazo, quedar hipnotizado por una mariquita o reírse de la forma de una nube. Estos placeres simples pueden ser pequeños momentos de alegría para nuestros hijos y para nosotros, y pueden ser parte de la crianza de niños felices y resilientes, incluso en medio de los altibajos normales.
No negar la dificultad, sino abrirnos a la posibilidad
Cuando hablamos de criar niños felices, no nos referimos a la “felicidad” como la emoción fugaz que es una respuesta a cosas buenas o divertidas. No estamos sugiriendo dejar de lado las dificultades, sino desarrollar la capacidad de mantenerlas junto con nuestro bienestar. Como escribe James Baraz en Alegría que despierta, la alegría es “un sentimiento general de vitalidad y bienestar que se caracteriza por afrontar los altibajos de la vida con autenticidad y perspectiva”.
Imaginamos a un niño feliz como alguien con un creciente sentido de tranquilidad consigo mismo, uno que a menudo ve y disfruta lo bueno que lo rodea y dentro de sí mismo.
La felicidad no es un destino o algo a alcanzar, sino lo que Chang Meng Tan, autor de Busca dentro de ti mismolo define como “una profunda sensación de florecimiento que surge de una mente excepcionalmente sana”.
Imaginamos a un niño feliz como alguien con un creciente sentido de tranquilidad consigo mismo, uno que a menudo ve y disfruta lo bueno que lo rodea y dentro de sí mismo.
La investigación realizada por el Center for Healthy Minds muestra que el bienestar es una habilidad que se puede aprender. Existen múltiples perspectivas basadas en evidencia que ofrecen ideas prácticas para cultivar la felicidad.
En particular, El proyecto de resiliencia de Hugh Van Cuylenburg se centra en la gratitud, la empatía y la atención plena para apoyar la resiliencia y la felicidad. El Proyecto Acción para la Felicidad tiene un enfoque similar y enumera la atención plena, la gratitud y la bondad como habilidades básicas. En Felicidad cableadaañade Rick Hanson a esta lista y destaca la importancia de inclinar la mente, o estar atento, a la felicidad y luego asimilarla.
Criar niños felices comienza por desarrollar juntos habilidades de bienestar
Aquí hay tres actividades divertidas basadas en estos marcos para probar con su hijo.
Inclinar la mente y ponerla en práctica: Glimmer Wand
Los destellos, acuñados por Deb Dana, son pequeños momentos de paz, seguridad y felicidad.
Recorta, decora y pega una estrella encima de una paleta u otro palito. Puedes escribir «atrapar destellos» en la estrella. Comparta sobre los destellos y use la varita para “lanzar un hechizo” para notar y disfrutar los destellos ese día. También puedes agitarlo sobre tu cabeza mientras las personas comparten sus destellos y cómo los hacen sentir.
El cerebro tiene un sesgo de negatividad. Al hacer una pausa para buscar destellos, podemos entrenar nuestro cerebro para notar y saborear el placer con más frecuencia.
Práctica de gratitud: sándwich de gratitud
Los niños pueden dibujar y recortar cinco cosas o personas por las que están agradecidos como relleno de sándwich.
- Corta dos trozos de papel para el pan de sándwich.
- Pegue un trozo de “pan” en la parte superior y otro en la parte inferior de un cartel.
- Pega los rellenos entre el pan (o con velcro para que sea intercambiable).
- Escriba Gratitude Sandwich y “Estoy agradecido por…” en el “pan”.
- Deje el sándwich en algún lugar visible y utilícelo para iniciar una conversación sobre la gratitud.
El Dr. Robert Emmons de UC Davis descubrió que sentir gratitud puede sacar nuestro sistema nervioso de la respuesta al estrés. Darles a los niños un vínculo visual con cosas que fomenten sentimientos de gratitud puede ayudar a fortalecer la conexión cuerpo-cerebro y desarrollar vías neuronales positivas.
Cultivar la felicidad puede ser bastante sencillo si nos concentramos en ella, incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Hacer una pausa para notar y asimilar lo bueno, sentir gratitud y conectar con los demás con empatía y amabilidad en los pequeños momentos de nuestro día puede marcar una verdadera diferencia.
Práctica de Conexión: Vínculos de Amor
Haga que el niño piense en cinco personas que lo hacen sentir amado o feliz.
- Ensarta una cuenta para cada persona en un limpiapipas.
- Gira los extremos para que las cuentas no se caigan. Estos son vínculos de amor.
- Pídales que toquen una cuenta a la vez y recuerden a la persona especial.
- Inhale, absorba su amor y exhale, ofreciéndoles amor.
- Anímelos a notar cómo se sienten. Los eslabones del amor se pueden colocar en una mochila, llevarlos alrededor de la muñeca o dejarlos en un lugar visible.
Especialmente cuando un niño se siente solo o inseguro, tener un ancla física puede recordarle que es digno y amado.
Sintonizando la atención hacia la felicidad
Cultivar la felicidad puede ser bastante sencillo si nos concentramos en ella, incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Hacer una pausa para notar y asimilar lo bueno, sentir gratitud y conectar con los demás con empatía y amabilidad en los pequeños momentos de nuestro día puede marcar una verdadera diferencia.
Las actividades divertidas y prácticas, como las anteriores, pueden ayudar tanto a adultos como a niños a inclinarse hacia la felicidad y crear espacio para más alegría en nuestras vidas.
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