El olvido de uno mismo es una de las grandes lecciones que enseñamos.
Pensamientos de ayuda a los demás, sin tener en cuenta la propia estructura corporal en la medida en que obstaculiza el pensamiento o la acción bondadosa.
Que el hogar terrenal sea un lugar de descanso, paz y progreso, no discordia de pensamientos y actos inarmónicos.
Si el tuyo es así, amigo mío, sea quien sea que estés leyendo estas líneas, te rogamos a todos que hagas el esfuerzo de pensar mejor y con más esperanza.
Báñate en agua pura y vivificante, límpiate de pensamientos sórdidos…
Mira hacia adentro, a la belleza del alma, para que puedas darte cuenta del maravilloso regalo que Dios te ha otorgado.
Grandes y pequeños, blancos o negros, Dios ha sido su amigo más generoso.
Intenta agradecerle cuidando y no descuidando el cultivo de tu mente. Buenos amigos, les rogamos que presten atención a este buen consejo, ya que les será de gran utilidad en momentos de necesidad.
—Espíritu Clifford



