Dios es amor, un amor puro y perfecto, que sale del centro divino sin fin, infinitamente, sustentando, vivificando, consolando y glorificando.
Para reflejar este amor, debéis estar purificados de vosotros mismos.
Debes aprender a dar de tu ser interior, no para tu propio bien, ni siquiera para tu salvación eterna, sino como un reflejo puro y desinteresado de Dios.



