Esas esferas o planos, a los que nos referimos en su mayor parte en sentido figurado, son condiciones, condiciones de santidad o condiciones que aún no pueden llamarse santas porque quienes allí habitan se vuelven de la luz a las tinieblas, de la libertad al espantoso cautiverio.
El mundo físico y el mundo espiritual son indivisos.
Es imposible decir dónde empieza uno y termina el otro.—están tan entrelazados que lo físico es directamente un reflejo de lo espiritual y, en el buen tiempo de Dios, se hará espiritual sin distinción alguna.
Aunque aquellos en el espíritu pueden estar divididos por condiciones, la separación, como separación, no existe ni ha existido nunca.
Aquellos que han aprendido sus lecciones más rápidamente que otros, aquellos que han encontrado dentro de sí mismos recursos, determinación y voluntad para encontrar a Dios, aquellos a quienes describiríamos como ángeles de luz, están más cerca en amor, paciencia y comprensión que nosotros, enterrados en el materialismo, enterrados en todos esos pensamientos que bloquean la pureza, la santidad y la verdad.



