La luz brilla siempre. La luz disuelve toda la oscuridad. La luz revela: es la presencia del Dios eterno, y en Su Presencia hay perfecta salud y perfecto gozo.
Levántate, oh hombre, y declara tu propio camino en libertad que te conduzca a la luz de la presencia de Dios, que te absuelve de todo dolor y toda aflicción.
El amor es la alegría del mundo. El amor cura a los enfermos y fortalece a los cansados. El amor libera al agobiado por el dolor; el amor perdura para siempre.
El amor lo es todo y lo da todo, pero el amor, el amor verdadero, no reclama nada: es más grande que todo reclamo y más allá de toda limitación.
―Espíritu Ione



