Tu alma o espíritu existió desde toda la eternidad en la inteligencia divina de Dios.
En la plenitud de los tiempos, y en armonía con Su plan divino, Su pensamiento encontró expresión en ti y quedaste dotado de libre albedrío y comprensión.
Divinamente implantado en ti está el recuerdo del Creador y tu destino inmortal persiste y te guía por los caminos de la vida.



