Imagínese un trozo de madera, con sus pequeñas partes unidas, incapaces de moverse libremente. Es como un prisionero, atrapado dentro de su propia forma.
Cuando colocas esta madera en el fuego, observas cómo las llamas la consumen. ¿Significa esto que la madera está realmente destruida?
No, el fuego libera las partes diminutas. Se elevan en el aire y se transforman en algo nuevo. Se convierten en parte del viento, de las nubes y quizás incluso de los árboles del futuro. La madera no se destruye, sino que se transforma. Ha pasado a un propósito superior.
Al igual que la madera, tú también puedes cambiar y crecer.
A veces, es posible que se sienta triste o preocupado. Pero recuerda, estas experiencias pueden hacerte libre. Pueden ayudarle a aprender, crecer y fortalecerse.
Así que acepta el cambio, porque es la clave para tu propia transformación y liberación.



