Cada acto es seguido por su propio efecto, que nada, excepto la poderosa dinámica de la voluntad misma, puede modificar, y cuando la voluntad modifica el efecto de una causa antecedente, es siempre estableciendo una causa contraria y más poderosa que la primera: una causa tan fuerte que la otra es arrastrada irresistiblemente consigo, como una gran inundación puede barrer un chorro de agua de una manguera abierta, llevando la causa de la manguera y su efecto de goteo junto con el torrente impetuoso de su propia inundación.
Si reconoces el hecho de que has pecado, establece buenas acciones más poderosas que tus pecados y cosecha la recompensa por ellas.
―El juez



