Si la meditación es sentir solo una cosa más en tu lista de tareas pendientes, prueba esta práctica de intención para conectarte con el motivo por el que meditas.
A veces podemos empezar una práctica de mindfulness con mucha energía, pero después de un tiempo ese compromiso se desvanece. La clave en la meditación es tomarse el tiempo para ponerse en contacto con lo que desea, lo que más valora. Comprensión por qué Meditas puede alimentar tu pasión y motivación y ayudarte a convertir tu práctica habitual en un hábito.
1. Siente el cuerpo
Comienza sintiendo tu cuerpo, conectando con ambos pies, tus piernas, tu asiento, caderas, coxis. Sintiendo su columna vertebral, recta y erguida, relaje los hombros hacia abajo y permita que su conciencia viaje hacia abajo a través de ambos brazos hasta las palmas de las manos y los dedos. Lleva la conciencia al vientre, al pecho, a la garganta y luego, descansando tu conciencia en tu cara, libera cualquier tensión en tu mandíbula, ojos y frente. Siente todo el cuerpo mientras te sientas aquí. Y sienta la respiración moviéndose por todo el volumen del cuerpo. Y desde este lugar de conexión y presencia, indaga por qué estás meditando. ¿Cuál es tu esperanza, visión, intención?
Consejo: no te preocupes si tu intención es confusa; puedes optar por simplemente prestar atención a cualquier pensamiento o sensación que surja.
2. Escuche atentamente
Escuche profundamente. Surgirán pensamientos. Anótalos y déjalos ir. Escuche aún más profundamente. ¿Qué se siente más convincente, más verdadero en tu cuerpo? Intenta no pensar en tu intención, ni analizarla o discernirla cognitivamente. En lugar de eso, intenta escuchar desde un lugar más profundo, una conciencia aún permanente que siempre está ahí. Escucha con tu cuerpo, con todo tu ser.
3. Tenga en cuenta la intención
Quizás, por ahora, no haya una respuesta clara, y tu intención sea simplemente estar presente, permanecer abierto, ser curioso, permitir que todo lo que surja esté aquí. O tal vez surja una sensación clara de tu intención. De cualquier manera, mantén tu intención claramente en tu conciencia, sin importar si es fuerte y claramente formada o amorfa y vacilante.
4. Deja ir tu intención
Repite en silencio tu intención, anclala en tu mente y cuerpo. Y una vez que sientas que está claro y estable, déjalo ir. Y descansa de nuevo en el cuerpo, en la conciencia que te envuelve. La intención simplemente guía, no es una meta en la que nos fijamos, sino una dirección a la que inclinamos nuestro corazón y nuestra mente a seguir.



