Durante el invierno, cuando la Naturaleza, por así decirlo, ha cerrado sus pétalos, encerrando la belleza y la dulzura que es un regalo para todos, entonces la mente humana se cansa bastante y esa misma vitalidad del cuerpo disminuye en un grado apreciable. Sin embargo, cuando brilla el sol, cuando se escucha la voz de la primavera, resonando a través de los espacios hasta llegar al oído atento de aquellos en la tierra, cuando llega ese llamado a estar arriba y afuera, a sentir la dulce brisa de Dios, a respirar el aire puro, a expandir el cuerpo y la mente bajo la luz del sol, entonces ves la tarea que aguarda la hierba verde bajo tus pies. Los hijos de la tierra están muy necesitados de reponer esas fuerzas, y por eso, la Naturaleza, en primavera, da y vuelve a dar.
―Zodiac, el Cristo Mensajero



