Mucha gente cuestiona su propósito en la vida. Quizás trabajen incansablemente todos los días para conseguir lo esencial: comida, ropa, refugio. Al equilibrar las obligaciones familiares y profesionales, siguen caminos trazados por otros, lo que los lleva a una existencia que puede parecer monótona y aburrida.
Desde la cuna hasta la tumba, cada individuo contribuye a la narrativa del mundo, representando su papel único en el drama de la vida, hasta que cae el telón y se aclara el escenario. Al morir, se van con las manos vacías y no se llevan nada excepto energía kármica (sana o nociva) cultivada durante su vida y luego canalizada hacia el siguiente ciclo de renacimiento. Nacido sin un centavo, uno también parte sin un centavo, planteando la pregunta: ¿Cuál es el propósito de nuestra visita terrena?
Explorar el significado de la vida implica profundizar en la religión, la filosofía, la cosmología y la ética. El propósito de la vida puede variar entre individuos, pero emerge un hilo común: la búsqueda de la felicidad por parte de la humanidad.
La naturaleza esquiva de la felicidad
La felicidad, un concepto abstracto, difiere según las culturas. En sociedades que valoran la comodidad material, muchos creen que la felicidad proviene de la riqueza, la reputación o el poder. Sin embargo, lograrlos no garantiza una realización duradera. Los pobres, que aspiran a la seguridad financiera, pueden percibir a los ricos como perpetuamente felices. Sin embargo, ¿por qué entonces tantos multimillonarios se sienten insatisfechos?
Warren Buffett, un inversionista legendario y una de las personas más ricas del mundo, mantiene un estilo de vida modesto en relación con su fortuna. Reside en una casa sencilla en Omaha, Nebraska, que compró en la década de 1950, y es conocido por sus hábitos frugales y su comportamiento modesto. Buffett suele decir que su satisfacción personal no se deriva de su riqueza, sino que emana de su amor por su trabajo y las relaciones que valora con sus amigos y familiares. Su perspectiva desafía la suposición común de que la felicidad está directamente ligada a la riqueza, destacando que incluso un inmenso éxito financiero no garantiza la realización personal.
En la transición de un multimillonario contemporáneo a una figura literaria histórica, la historia de León Tolstoi ofrece una visión similar. El autor ruso de Guerra y pazTolstoi disfrutó de gran fama y considerable riqueza. Sin embargo, como reveló en mi confesiónse sintió profundamente vacío y miserable a pesar de su éxito. En sus últimos años, la desilusión de Tolstoi se volvió tan intensa que huyó de su casa. Su salud deteriorada y su creciente desaliento finalmente lo llevaron a su muerte solitaria en una pequeña estación de ferrocarril rural. Es evidente que poseer riqueza, reputación o poder no conduce inherentemente a la felicidad, y perseguirlos puede tener repercusiones kármicas.
La situación es muy parecida para la estimulación sensorial. Algunas personas creen que la belleza para los ojos, los sonidos agradables para los oídos y los sabores deliciosos para la lengua les traerán felicidad, pero la búsqueda de esos placeres puede, de hecho, ser peligrosamente contraproducente y provocar angustia en lugar de alegría. Estas actividades, centradas en la autogratificación, pueden fomentar aún más la codicia, la ira y el engaño. Incluso si los placeres sensoriales brindan satisfacción, la felicidad es fugaz y superficial, y a menudo resulta en más problemas de los que vale la pena. El ciclo de deseo y frustración puede hacer que uno se pregunte por qué alguna vez persiguió tales alegrías temporales en primer lugar.
Desde una perspectiva mundana, el deseo de satisfacer los sentidos es natural y no hace daño si se hace con moderación. Sin embargo, es fundamental comprender que la felicidad no surge simplemente de complacer los sentidos. Considerar el placer sensual como el objetivo final de la vida es un error.
Cultivar la mente: un camino hacia la felicidad duradera
Las personas tienen diversas necesidades y esperanzas en distintos momentos y bajo diferentes circunstancias. Una vez satisfechas estas necesidades y esperanzas, generalmente se sienten felices. Por ejemplo, un poco de dinero puede satisfacer las necesidades urgentes de alguien que no tiene un centavo. Para alguien que está enfermo, una recuperación rápida es una bendición. Y para una madre amorosa, ver a un hijo rebelde transformarse finalmente en una persona responsable y trabajadora genera una alegría tremenda. Sin embargo, este tipo de felicidad es temporal. Una vez experimentado, pronto se disipa.
Con un flujo interminable de necesidades y esperanzas, ¿puede alguien estar verdadera y eternamente satisfecho? ¿Cómo, según el budismo, podemos permanecer felices todos los días? La respuesta está en mantener una mente tranquila y pura. Entonces surge la pregunta: ¿Cómo puedes mantener tu mente tranquila y pura?
Cuando llega la adversidad y te sientes enojado o angustiado, tu mente está indicando que está abrumada por la codicia, la ira o el engaño. Es posible que hayas perdido la compostura. Es posible que se haya sentido perturbado, agitado o deprimido. En estos momentos, puedes recurrir a mentiras, maldiciones, diatribas airadas o incluso violencia física. Sin la autorreflexión y la capacidad de ejercer el autocontrol, corre el riesgo de desviarse aún más hacia la confusión y la compulsión obsesiva. Sin embargo, aquellos que logran mantener una mente tranquila y pura a través de la estabilización mental y la introspección, como samatha y vipassana, permanecen inmunes a los sentimientos extremos de amor u odio, independientemente de las circunstancias. En consecuencia, tienden a llevar una vida llena de serenidad, alegría y paz.
Encontrar una morada serena en nuestro interior
Generalmente, los seres humanos se esfuerzan por tener una vida feliz y, como comentamos anteriormente, cultivar la mente es esencial para alcanzar la felicidad. El budismo describe el mundo que habitamos actualmente como “saha«, una palabra sánscrita que significa tolerable. Esto implica que si bien la felicidad existe en este mundo, es fugaz y transitoria, mientras que el dolor y la insatisfacción son omnipresentes y difíciles de evitar. Esta no es una descripción sombría; simplemente refleja la realidad de la existencia humana. Dadas estas circunstancias, la búsqueda del equilibrio mental y espiritual se vuelve esencial.
Equilibrar la alegría y el sufrimiento implica establecer la autoconciencia a través de la meditación, cultivar la compasión y la bondad amorosa, comprender la naturaleza de la impermanencia y participar en acciones y palabras meritorias. Además, es fundamental practicar el desapego de las posesiones y las relaciones, no para volverse indiferente, sino para encontrar un equilibrio en el que la felicidad no dependa de factores externos. Dominar estas prácticas nos permite navegar los caprichos de la vida con resiliencia y sabiduría.
La verdadera felicidad comienza con pensar de manera integral sobre las verdades de nuestra existencia y el universo. El buddhadharma ilumina un camino que no sólo puede ayudarnos a navegar por el mundo externo sino que también nos conduce hacia un santuario interno, una morada serena dentro de la mente.
A la luz de las enseñanzas del Buda, podríamos preguntarnos: ¿cómo es cultivar verdaderamente una morada pacífica para la mente que no se apegue a preocupaciones mundanas transitorias? El siguiente verso, atribuido al maestro zen Wumen Huikai (1183-1260) lo explica maravillosamente:
En primavera, florecen innumerables flores,
La luna de otoño ilumina las horas tranquilas.
La brisa del verano calma nuestro sueño.
El invierno se envuelve en una nieve tan profunda,
Sin una sola preocupación que limitar,
El universo mismo es totalmente divino.
“Ni una sola preocupación” es similar a “sin apego”. Si estamos libres de preocupaciones, disfrutamos de la belleza de cualquier estación y la felicidad es un regalo de todos los días.
El dicho zen “Cada día es un buen día” surge como un profundo recordatorio que nos anima a reconocer el valor y la belleza inherentes de cada día. La verdadera satisfacción no reside en las búsquedas materiales, sino en apreciar cada momento de nuestra existencia. Podemos reconocer la oportunidad que tenemos cada día de participar en un trabajo significativo para nosotros, nuestras familias y nuestras comunidades.
La felicidad duradera surge de nuestro viaje interno hacia la autoconciencia y el cultivo de la mente. Te animo a reflexionar sobre cómo estas enseñanzas pueden aplicarse en tu propia vida mientras atraviesas las complejidades de la existencia moderna y descubres una morada serena en tu interior.
El Venerable Guan Cheng es el abad del Templo Budista Internacional en Columbia Británica, Canadá. Ha publicado varios libros en chino, entre ellos Comentario sobre el Sutra del Corazón y Comentario sobre el Sutra del Diamante.



