La fe y la incredulidad no se heredan.
Por mucho que se puedan heredar hábitos y puntos de vista religiosos o irreligiosos sobre la vida, y por importante que sea la influencia de la educación y el compañerismo en la vida interior, aún así, debéis afrontar individualmente la cuestión de si oiréis y creeréis o no.
Cada alma creyente debe crecer y aumentar mucho en el cielo antes de ser perfecta.



