Los Espíritus no saben nada de esa piedad sensacional, que se entrega enteramente a la contemplación hasta el descuido del deber. Los Espíritus predican la religión del trabajo, de la oración, de la adoración. Los espíritus nos hablan de nuestro deber para con Dios, con nuestro hermano, con nuestra alma y con nuestro cuerpo por igual. Dejan a hombres tontos, que tantean ciegamente en la oscuridad, sus curiosas objeciones sobre ficciones teológicas.
Los espíritus se ocupan de la vida práctica.
Su credo puede escribirse brevemente: Deber para con Dios, adora, honra y ama a tu Padre Dios.
Deber al prójimo, amor fraternal: ayuda a tu hermano a avanzar en el camino del progreso.
Deber hacia uno mismo, cultura corporal: cuida y protege tu propio cuerpo.
Progreso mental: cultivar todos los medios para ampliar el conocimiento.
Crecimiento espiritual: buscar visiones más completas de la verdad progresiva.
Integridad-Do correcto y bueno de acuerdo con tu conocimiento.
Nutrición espiritual: cultivar la comunión mediante la oración frecuente.
No cedan obediencia a ningún dogma sectario. La revelación de Dios es progresiva, no está limitada por el tiempo ni confinada a ningún pueblo. Nunca ha cesado. Dios se revela tan verdaderamente ahora como en el pasado se reveló en el Sinaí.
Aprenderás también que toda revelación se hace a través de un canal humano y está teñida de error humano. Ninguna revelación es de inspiración plena.
No establezcas ningún estándar de juicio humano que no sea el de la razón correcta. Sopesar lo que se dice. Si la razón lo recomienda, recíbalo; si no, rechacelo. Aférrate a lo que satisface tu alma y ayuda a su progreso.



