¿Demonio? Sí, no sirve de nada darle importancia a un hecho terrible: es él quien arrastra al hombre al infierno. Hay un demonio y la cantidad de demonios es legión.
Pero, ¿cómo es que Dios, el Dios fuerte, justo y compasivo, permite al maligno un poder tan terrible sobre las almas humanas?
¿Puede ser el Padre todo amoroso y misericordioso si no los arrebata del destructor ni siquiera en el momento de su debilidad?
¿No fue Él quien envió a sus ángeles buenos para vigilar la puerta de tu corazón, quien puso en ti todos esos problemas y angustias, quien te hizo sentir y temblar ante el peso de tu pecado?
Es Su espíritu Quien obra en ti cuando sientes que has hecho mal, cuando anhelas elevarte a una vida mejor. ¡Es Él quien te muestra que puedes levantarte si lo deseas! Pero la culpa es de tu voluntad: de tu sinceridad. ¡Eso es todo!



