Vemos al águila altiva mientras se eleva hacia el cielo en busca de alguna divinidad.
También vemos al ratoncito asomar la cabeza por su agujero con pavor y miedo de que algún enemigo lo devore antes de que pueda regresar a su escondite. No así el águila poderosa que con las alas extendidas lucha contra las tormentas y los vientos que azotan a su alrededor y desciende libre y segura a su nido en la montaña escarpada.
La mente noble sigue su curso invariable siempre dispensando luz, conocimiento y verdad.



