Muchos espíritus sufren períodos de purificación.
Muchos de los que son víctimas de las variadas tentaciones de la vida sufren períodos de purificación, amargos y llenos de remordimientos. Se dan cuenta de que es enteramente por su propia debilidad que no han podido seguir el bien que frecuentemente vislumbraban, porque en esta luz pura y radiante ven sus propias vidas. Se les permiten períodos de reposo y alegría, que los refrescan y consuelan, y ellos mismos desean regresar a la obra de expiación que emprenden conscientemente.
Los períodos de exaltación que disfrutan les hacen darse cuenta de que todo lo mejor y más noble está a su alcance y se dedican con gusto a cualquier trabajo que se les encomiende.
A pesar del gran sufrimiento y angustia, nunca puede haber desesperación entre ellos, porque los períodos de luz arrojan un resplandor sobre sus días de sufrimiento.
Su sufrimiento es real, pero lo asumen voluntariamente para expiar sus pecados pasados.



