Lleve consigo la lección de esta pequeña fábula contada hace siglos a los hijos de la raza hindú y transmitida de generación en generación:
Hay una fábula hindú centenaria que cuenta la historia de una oruga que Sintiendo la proximidad de la languidez, que presagiaba el final de la etapa de rastreo de la existencia y el comienzo del largo sueño de la etapa de crisálida. Llamó a sus amigos a su alrededor.
Una vieja oruga comentó desafortunadamente—Nuestro hermano nos ha dejado. Su destino es también el nuestro. Uno a uno seremos talados por la guadaña del destructor, como la hierba del campo. Por la fe esperamos resucitar, pero quizás esto no sea más que la voz inspirada por una esperanza vana. Ninguno de nosotros sabe nada positivo de otra vida. Lamentemos el destino común de nuestra raza. Después de lo cual, tristemente, se marcharon.
Todos percibimos claramente la sombría ironía de esta pequeña fábula, y sonreímos al pensar en la ignorancia que acompañó la primera etapa de la transformación del humilde ser reptante en la criatura de gloriosos matices, que con el tiempo emergería del sueño de la muerte a una forma superior de vida.
Pero no sonrían, amigos, ante la ilusión de las orugas: eran iguales a ustedes y a mí.
Porque el narrador hindú de hace siglos ha representado la ignorancia y la ilusión humanas en esta pequeña fábula de las formas inferiores de vida.
Todos los ocultistas reconocen en las etapas de transformación de la oruga-crisálida-mariposa una imagen de la transformación que espera a cada hombre y mujer mortales, pues la muerte para el ser humano no es más una terminación o cesación que el sueño mortal de la oruga. En ninguno de los dos casos la vida cesa ni siquiera por un solo instante.
La vida persiste mientras la Naturaleza obra sus cambios.



