Nuestro hogar espiritual tiene sus esferas o cinturones, que rodean y separan unos de otros, o puede llamarse atmósfera química, que provoca una separación de la tierra y de cada esfera, pero que, sin embargo, están conectados por fuerzas eléctricas y magnéticas. Para explicarlo, estamos en esferas separadas con espacios que se cruzan entre sí, cada espacio provisto de materia para sostener los elementos necesarios para el requerimiento de tal círculo o esfera. Quienes están dentro de una determinada esfera están rodeados por un cinturón que los mantiene absolutamente apartados de los demás, sin que nadie pase, sólo con el permiso o la ayuda de guías que los consideran suficientemente armonizados para adaptarse a las leyes de esa esfera.
No deseo transmitir la idea de que todos tienen una sola mente o talento, porque son tan variados en organización, talento o aspiraciones como las flores del campo, pero todos están en el plano de la espiritualidad como uno, un grupo o clase.
A medida que se preparan para entrar en otra esfera, son conducidos a la siguiente superior con gran regocijo, donde se les recibe y se les otorga su posición, como preparación para un desarrollo aún más elevado.
—Mary Washington en espíritu



