El vagabundeo de Spirit Franchezzo lo lleva ahora a un inmenso bosque cuyos extraños árboles fantásticos son como los que uno ve en alguna terrible pesadilla.
Las ramas sin hojas parecen brazos vivos extendidos para agarrar y sostener al desventurado vagabundo.
Las largas raíces parecidas a serpientes se extienden como cuerdas retorcidas para hacerle tropezar. Los baúles están desnudos y ennegrecidos, como si los hubiera quemado el soplo de fuego. De la corteza rezuma una espesa baba repugnante que, como una cera poderosa, retiene cualquier mano que la toca.
Grandes velos ondulantes de alguna extraña planta de aire oscuro visten las ramas como un manto y ayudan a envolver y desconcertar a cualquiera que intente penetrar a través de este bosque fantasmal.
Estos son los hombres y mujeres que vieron con deleite los sufrimientos de los demás. Son todos aquellos que por avidez de crueldad han torturado, atrapado y matado a quienes estaban más indefensos que ellos.
Para todos los que están aquí ahora, la liberación sólo llegará cuando hayan aprendido la lección de la misericordia y la compasión por los demás, y el deseo de salvar a otra persona del sufrimiento, incluso a expensas de su propio sufrimiento.



