Un lugar más valiente
En el amor de mi corazón no hay nadie más que tú mismo.
—1 Enrique IV—iv, 1
Para darle al mundo la seguridad de un hombre.
—Hamlet—iii, 4
Un contrato de vínculo eterno de amor.
Confirmado por la unión mutua de sus manos.
—Duodécima noche—v. 1
Lleva tu alabanza contigo al cielo.
—1 Enrique IV—v, 4
Una doble bendición es una doble gracia.
—Hamlet—i, 3
Un sueño en sí mismo no es más que una sombra.
—Hamlet—ii, 2
Un fallo desconocido se considera fallo no actuado.
—Violación de Lucrecia
Contra el fuego del amor, la escarcha del miedo se disuelve.
—Violación de Lucrecia
Contra el autosacrificio
Hay una prohibición tan divina
Eso anhela mi mano débil.
—Cimbelino—iii, 4
Un corazón más amable nunca se tambaleó en la corte.
—1 Enrique VI—iii, 2
Una mente dorada no se rebaja ante espectáculos de escoria.
—Comerciante de Venecia—ii, 7
Un buen corazón es el sol y la luna, o más bien el sol, porque brilla y nunca cambia.
—Enrique V—v, 2
¡Un buen corazón vale oro!
—2 Enrique IV—ii, 4
Una casa bonita: el banquete huele bien.
—Coriolano—iv, 5
La fortuna de un buen hombre puede crecer en sus talones.
—Lear—ii, 2
Un poder mayor del que podemos contradecir
Ha frustrado nuestros intentos.
—Romeo y Julieta—v, 3
Un corazón sin mancha no se deja intimidar fácilmente.
—Enrique VI—iii, 1
¡Ah, qué señal es de vida mala,
¡Donde se ve tan terrible la llegada de la muerte!
—2 Enrique VI—iii, 3
Una joya en un cofre diez veces enrejado,
Es un espíritu audaz en un pecho leal.
—Ricardo II—i, 1
Un caballero amable no pisa la tierra.
—Comerciante de Venecia—ii, 8
¡Ay! cuando una vez hemos olvidado nuestra gracia,
Nada sale bien: lo haríamos y no lo haríamos.
—Medida por medida—iv, 4
¡Ay, pobre mundo, qué tesoro has perdido!
—Venus y Adonis
Un corazón alegre vive mucho tiempo.
—El trabajo de amor se perdió—v, 1
Todas las faltas que cometo, cuando las conozco, me arrepiento.
—Cuento de invierno—iii, 2
Todos los amigos probarán
El salario de su virtud, y todos los enemigos.
La copa de sus méritos.
—Lear—v, 3
Todos los capullos no son monjes.
—Enrique VIII—iii, 1
No todos los hombres son iguales: ¡ay, buen vecino!
—Mucho ruido y pocas nueces—iii, 5
Todos los lugares que visita el ojo del Cielo
Son para el sabio puertos y puertos felices.
—Ricardo II—i, 3
Bien está lo que bien acaba.
—Bien está lo que bien acaba—iv, 4
No es oro todo lo que brilla.
—Comerciante de Venecia—ii, 7
Todo lo que vive debe morir,
Pasando por la naturaleza hacia la eternidad.
—Hamlet—i, 2
Todo el mundo es un escenario.
—Bien está lo que bien acaba—ii, 7
Un caballero leal, justo y recto.
—Ricardo II—i, 2
Y mientras el sol atraviesa las nubes más oscuras,
Así el honor se asoma en el hábito más humilde.
—La fierecilla domada—iv, 3
Y haz lo que hacen los adversarios en la ley,
Esforzaos mucho, pero comed y bebed como amigos.
—La fierecilla domada—i, 2
Y Dios sea amigo de nosotros, ya que nuestra causa es justa.
—1 Enrique IV—v, 1
Y con esto yo también saldré ganando,
Por inclinar todos mis pensamientos amorosos hacia ti.
—Soneto 88
Y muchas veces, excusar una falta
La culpa empeora con la excusa.
—Rey Juan—iv, 2
Y equilibrar la causa en escalas iguales de justicia
Cuyas vigas están firmes, cuya causa legítima prevalece.
—2 Enrique VI—ii, 1
Y luego, cuando hemos tomado la Santa Cena,
Uniremos la rosa blanca y la roja.
—Ricardo III—v, 4
Y esta nuestra vida, exenta de frecuentación pública,
Encuentra lenguas en los árboles, libros en los arroyos,
Sermones en piedras y buenos en todo.
—Como quieras—ii, 1
¿Y qué tienen los reyes que no tengan también los soldados rasos?
—Enrique V—iv, 1
Es mejor tres horas antes que un minuto tarde.
Felices esposas de Windsor—ii, 2
¡Ángeles y ministros de gracia nos defienden!
—Hamlet—i, 4
Los ángeles siguen brillando, aunque los más brillantes cayeron.
—Macbeth—iv, 3
Una habitación vertiginosa e insegura
Tiene el que construye sobre el corazón vulgar.
—2 Enrique IV—i, 3
Un anciano, destrozado por las tormentas del estado,
Ha venido a poner entre vosotros sus huesos cansados.
¡Dale un poco de tierra para la caridad!
—Enrique VIII—iv, 2
Una paz por encima de todas las dignidades terrenales.
Una conciencia tranquila y tranquila
—Enrique VIII—iii, 2
Un espíritu más raro nunca
Dirigió a la humanidad.
—Antonio y Cleopatra—v, 1
Tan falso, por el cielo, como el cielo mismo es verdadero.
—Ricardo II—iv, 1
Pídele a Dios templanza: ese es el único recurso que tu enfermedad requiere.
—Enrique VIII—i, 1
Una sonrisa vuelve a curar la herida de un ceño fruncido.
—Venus y Adonis
Despierta el recuerdo de estos valientes muertos.
—Enrique V—i, 2
Una viuda grita: ¡sé mi marido, cielos!
—Rey Juan—iii, 1
Un mundo de bendiciones terrenales para mi alma,
Si la simpatía del amor une nuestros pensamientos.
—2 Enrique VI—i, 1
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