En sueños, en sueños, he flotado por el Nilo egipcio y he observado la puesta de sol con esplendor amarillo más allá de sus extrañas aguas. Me paré en la cima de la pirámide más alta, me senté ante la gran Esfinge y miré sus misteriosos ojos, vi la luna elevarse en extraña gloria sobre el Templo de Tebas, sentí el beso de la más bella de las mujeres temblando en mis labios, tuve visiones de belleza mágica, ¡pero todas estas experiencias palidecen y se vuelven como niebla ante las realidades trascendentes, que se abren a la vista de un espíritu!
―Espíritu de Quincey



