El mundo espiritual es un mundo, algo así como la tierra, pero es de sustancia enteramente espiritual, en lugar de material, y está en una escala más vasta y grandiosa.
Mi mente revisó todo lo que había visto y oído desde que dejé la tierra, y ésta era la suma y sustancia de lo que había aprendido en quizás el espacio de doce horas.
Primero, que realmente había vida después de la muerte del cuerpo.
Segundo, que un ángel glorioso me había acompañado a este mundo, que no se parecía a nada que yo hubiera concebido o que me hubieran enseñado, o mejor dicho, era un mundo parecido al que había dejado, pero de sustancia enteramente espiritual en lugar de material, que era en una escala más vasta y grandiosa.
Y ahora mi mente comenzó a reflexionar sobre la última lección que Voncelora me había enseñado: que existía, para el espíritu del hombre, una contraparte eterna.–o la otra mitad.



