No duermo, querida madre, donde florecen las margaritas,
Y los pájaros salvajes cantan sus himnos de alabanza.
Donde las estrellas miran hacia abajo a través de la oscuridad silenciosa,
Y el ciprés hace un gesto con la cabeza a la brisa que pasa.
No, no, estoy viviendo más allá de la tumba,
Donde las sombras del tiempo ya no caen,
Donde la muerte del ángel nunca ha llegado,
Porque la vida eterna es un regalo para todos.
Sin embargo, no te he dejado; no estoy muerto,
Aunque se echa de menos una voz de la banda del trío.
Aunque mi camita esté sin inquilino,
Y extrañas el apretón de la mano de Birdie.
Estoy viviendo, amando y esperando por ti.
En mi hermosa casa al otro lado,
Donde legiones de ángeles, de corazones entrañables y sinceros,
Están esperando que sus seres queridos crucen la marea.
A través de las largas y lúgubres horas de tristeza y dolor,
Cuando tu frente con la tempestad de la fiebre fue agitada,
Tu Birdie estaba contigo, sí, contigo otra vez.
Aunque el mundo en su ceguera dice que Birdie está perdida.
―Espíritu Anna Cora Wilson



