Habrías podido ahorrarte muchos sufrimientos y muchos escalofríos del corazón y de la mente si hubieras creído en las buenas intenciones del Padre hacia ti personalmente durante tu vida diaria.
Si hubieras podido creer en aquello que vino sólo por el poder del Espíritu Santo, si hubieras podido creer, se habrían evitado mucho sufrimiento, muchos, muchos malentendidos y el enemigo habría sido enviado al otro lado de la frontera para no regresar nunca más. Pero debido a que el deseo estaba ahí, y aún así los obstáculos eran demasiado grandes, Dios restaurará los años, y no sólo restaurará, sino que mostrará, sí.—Exponga ante sus propios ojos lo que ese tiempo de espera, de tristeza, de duda involuntaria, ha producido en el jardín de la mente porque y sólo porque deseaba con todo su corazón haberlo hecho mejor, haber podido aferrarse a la fe sin desmayarse, haber podido mostrar su fe sin vacilación ni recelo.



